sábado, 26 de febrero de 2011

Llorar mirando la Luna

Llevo ya varias horas caminando por la ciudad sin dejar de pensar en ti. Las calles están llenas de gente. Sus caras de indiferencia me hacen pensar que nada es tan importante, que no todo tiene que ser blanco o negro. A cada uno le importa lo suyo, y ya está. Al hombre de la chaqueta gris no creo que le importe que hoy me has mirado y has sonreído. Aunque parece simpático... No. Da igual. No, no le importa. A la señora del abrigo de visón le parecerá ridículo que te quiera por cómo eres, ya que parece superficial a juzgar por el marido ricachón que lleva colgado del brazo, pues ella no parece una millonetis precisamente.
Desvarío. He dejado de prestarle atención a la música que estaba escuchando. Otra balada triste... Será mejor que cambie de canción, aunque, mejor me espero al estribillo.
Se hace de noche, y sigo caminando. Me gusta andar, y mirar hacia el cielo, pero cuando llegué a esta calle, volví a recordar tu cara cuando la mirabas. Y cómo la mirabas. Es difícil describir esa mirada. ¿Ilusión? ¿Esperanza? ¿Felicidad? ¿Deseo? No, un momento... Es la misma mirada que la mía cuando tú apareces.
Aquí, sentada en este banco y recordando tonterías no creo que me anime mucho. La Luna me mira, y yo miro a la Luna. Está más blanca que de costumbre, y puede que más redonda. Aspirinas, es lo que me viene a la mente, y las lágrimas comienzan a salir de mis ojos sin mi permiso.

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