martes, 8 de marzo de 2011

Infancia

Un, dos, tres, al escondite inglés.
¡Te la quedas!
¡Tiempo! ¡Esa no se vale!
Y, mamá, ¿Por qué..?
Cuántos errores habremos cometido, cuántas preguntas habremos formulado en la infancia... No sé, sólo pensar que puedo rozar esa época con la punta de los dedos, que hace tan poco tiempo éramos tan inocentes, y tan monos todos. 
Pero la vida es corta, y cuando mi siguiente pestañeo acabe, estaré en plena crisis de los cuarenta, y, a la hora de la cena, mis dos nietos corretearán por el salón. Demasiado corta, y yo aquí escribiendo al pasado, a lo único que tengo seguro, a lo que puedo aferrarme: a mis recuerdos, a mí misma. Y es que el futuro es incierto, y poca es la gente que no le tiene miedo al mañana, pero todo el mundo se lo guarda, porque sufrir por eso es de cobardes, pero si entras en el corazón de cualquiera, siempre hay miedos, y siempre se los guardan.
Si fuera completamente opaca, si nadie pudiera ver mi miedo, mi rencor, sería feliz. Es paradójico, lo sé, pero odio ser transparente. Llevo ya días sonriendo a la cara, sabiendo que no tengo otra opción, y hace daño no poder gritar o tener un día completamente gris; todos tienen que ser azul celeste, verde lima, y con muchas florecitas. ¿Se me ha olvidado decir con olor a rosa? Por eso me gustaría muchas veces ser una "autista emocional" no sentir amor, felicidad... Pues, si todo aquel amor no hubiera existido, la tristeza hoy no sería más que un leve pinchazo en el corazón.

1 comentario:

  1. a lo único que nos podemos aferrar es al presente,puesto que el pasado ya es inexistente,y el futuro no ha llegado.recuerda,el presente es lo único seguro

    ResponderEliminar